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CRISIS DE CREENCIAS
CRISIS DE CREENCIAS. LA LABOR PASTORAL.
Los líderes cristianos antes del amanecer oraban pero fueron interrumpidos estrepitosamente por ruidos y gritos. Las autoridades habían hecho repetidos intentos por convencer a los creyentes para que renunciaran a su lealtad a Jesucristo, habían fracasado. Sin embargo esta vez no había lugar para discusiones. En cuestión de segundos los cristianos se vieron rodeados por un grupo de soldados romanos que inmediatamente los encadenaron y los llevaron a un lugar desconocido. Después, fueron sacados al Coliseo lleno de una bulliciosa multitud ansiosa de ver la espeluznante ejecución. Este grupo fue llevado ante el gobernador quien les ordenó que renunciaran públicamente a su fe en Jesús, el hijo de Dios. “Juren que el César es el Señor y los pondré en libertad” –exigió el gobernante– “de lo contrario, tendrán que enfrentarse a los leones”. Uno de los seguidores de Jesús dio un paso adelante y enérgicamente respondió: “He consagrado mi vida a Jesucristo, el hijo del Dios viviente, y es su voluntad que muera hoy, aquí, que así sea. No puedo renunciar a Cristo” –“Yo tampoco” –dijo uno de sus compañeros. –“Yo serviré a Cristo” –mencionó otro de ellos. El gobernador levantó la mano y respondió: “Ustedes lo han decidido”. Tras ello, los soldados abrieron las puertas, el gentío se levantó enardecidos mientras los leones fijaban su hambrienta atención en los jóvenes1.
Puedes usar tu imaginación y escenificar lo que ocurría en el tiempo de los césares romanos para intentar erradicar el cristianismo; pero la fe, la convicción y el amor por quien hizo posible nuestra salvación en la cruz del calvario debe ser nuestra “lealtad” aún ante el peligro de muerte.
Pastor, líder, mamá, papá, maestro: Necesitamos ayudar a los adolescentes a enfrentar con firmeza los retos que la cultura de hoy les presenta. En palabras del escritor Josh MacDowell les invito: “Si bien, necesitamos tenerle miedo a lo que nuestros jóvenes están tentados a hacer, necesitamos estar más preocupados por la enseñanza que reciben sobre aquello en lo que deben creer.”
Para esta generación adolescente, por gracia del Señor, tenemos algunas herramientas que darles. Por ejemplo, contamos con el “Fundamento doctrinal” de nuestra Iglesia; los 28 puntos de fe divididos en sus tres secciones (Salvación y gracia, Vida cristiana y Escudriñamiento). Les puedo sugerir el estudio de la primera sección y en forma de diálogo, en tiempo presente, pregunte a sus muchachos: ¿Quién creen que es Dios? ¿Cómo creen que es Dios? ¿Cómo conocen a Jesús?
En la investigación “Third Millennium Teens” (Los adolescentes del Tercer Milenio) la mayoría de los encuestados se identificó pertenecer a un movimiento cristiano. La encuesta llegó a las siguientes conclusiones:
- El 80% cree que Dios creo el mundo.
- El 84% cree que Dios se involucra personalmente en la vida de la gente.
- El 87% cree que Jesús fue una persona real.
- El 78% cree que nació de una virgen.
Sin embargo, no obstante estos conceptos:
- El 63% también cree que los musulmanes, budistas, cristianos judíos y todas las demás gentes oran al mismo dios, aunque llamen a su dios por otro nombre.
- El 48% cree que no importa con qué región te asocias, porque todas tienen los mismos principios.
- El 51% dice que Jesús murió pero que NO resucitó.
Querido líder: trate al grupo de adolescentes como sus propios hijos, no exija que aprenda solamente los conceptos por la fuerza, sino estimúlelos y oriéntelos con paciencia. En forma personal tengo recuerdos inolvidables sobre el trabajo con este grupo, incluso llegamos a recorren lugares de la república apoyándolos en sus ministerios. Les invito en aprovechar las virtudes de los muchachos. Formen con amor y acompañamiento constante un carácter cristiano responsable para que proclamen el hermoso poema ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas de bien, del que publica salud, del que dice a Sion: Tu Dios reina! (Isaías 52:7)
Pastor, no olvides a tu grupo de adolescentes. Acompáñalo con cariño y tu ejemplo. Formemos en esta generación creencias firmes y sólidas que ante la adversidad se mantengan de pie, basados en Cristo Jesús.
Con amor cristiano.
Min. Francisco Toto
BIBIOGRAFÍA
McDowell, J., & Hostetler, B. (2003) Convicciones más que creencias. EUA: Mundo Hispano.
Comunicado 18/03/2020
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Gratitud, una ofrenda de amor.
GRATITUD, UNA OFRENDA DE AMOR
“Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a Él le agrada, con temor reverente.” (Hebreos 12: 28, NVI)
Una de las afirmaciones más significativas de la palabra de Dios es que su Reino se ha acercado a la humanidad y es nuestra decisión vivirlo. Tal como menciona el escritor de Hebreos, al recibir este Reino, debemos ser agradecidos y, por ende, esta gratitud se traduce en una verdadera y honesta adoración al Señor con una reverencia y sometimiento pleno a su voluntad.
El concepto de ofrenda se refiere a elementos que el adorador (el creyente, nosotros) presenta a Dios para expresar su devoción y acción de gracias. Por lo que, podemos decir que una de las mayores ofrendas que brindamos a Dios, es nuestra gratitud ante toda circunstancia.
¿Con que elementos podemos ofrendar nuestra gratitud a Dios con temor reverente?
1.Guardando los mandamientos y viviendo en santidad
Una persona que ama a Dios, guarda sus mandamientos (Juan 14:21), pero sobre todo los obedece plenamente y busca vivir en santidad (Hebreos 12:28). Santidad es estar apartado, siendo una sola pieza en “integridad” y con esta integridad brillar como oro, brillar en pureza; ser santo es mostrar una sola cara íntegra en tu hogar, escuela, colonia, amistades, etcétera.
2. Creciendo como verdaderos adoradores
La verdadera adoración es un modo de vida (Romanos 12:1). La vida en su totalidad se considera un acto de adoración o servicio ante Dios. Una vida donde debemos practicar: la oración, alabanza, acción de gracias, caridad/ofrenda, servir en un ministerio, estudio de la palabra de Dios y disciplina. Adora día a día al Señor.
3. Siendo humildes
La soberbia ocasiona que confiemos totalmente en nuestras propias fuerzas, habilidades y conocimientos; sin embargo, recordemos que la soberbia fue el pecado original cometido por Adán y Eva al comer el fruto del árbol prohibido, al buscar tener mayor conocimiento incluso que el de Dios. La humildad nos permite recordar la dependencia total a Él, y nos da la oportunidad de experimentar el amor y la misericordia hacia quienes nos rodean.
4. Participando activamente en la Misión.
La Misión de la Iglesia es compartir el Evangelio (las buenas nuevas), pero no solo de lo que Jesús hizo en la vida de Lázaro, del paralítico, de la mujer samaritana, del ciego, etcétera, sino de compartir lo que Jesucristo ha hecho en la vida de cada uno de nosotros. Dios quiere que contemos nuestra historia, en donde Él y nosotros somos los protagonistas. ¿Quieres ofrendar gratitud? Entonces cuenta la historia de lo que Cristo ha hecho por ti a tus familiares y amigos, para que más personas crean y acepten a Jesucristo como su único salvador.
Recordemos siempre que la acción de gracias debe ser un elemento natural de la adoración cristiana y debe ser una característica de todo creyente.
Alguien está siguiendo tus pisadas
Alguien está siguiendo tus pisadas
Hna. Jocheved Martínez Vargas

Ser guías es un privilegio y un desafío. Dios se acerca, a su manera, a los seres humanos para hacerlos partícipes del privilegio de colaborar en su Plan de Redención. A Él no le falta ni sabiduría, ni poder, ni recursos para llevarla cabo; sin embargo, en una extraordinaria muestra de generosidad, nos concede la oportunidad de liderar su bendito pueblo. No es por abolengo, ni autoridad personal, ni escolaridad superior; es sólo por su maravillosa gracia que nos llama y faculta para guiar, aconsejar, acompañar, dirigir…pastorear otras vidas.
El proyecto es de Dios, y Él llama a quien quiere. Algunos, movidos por la ternura divina, levantamos la vista y somos encontrados por su amor y misericordia infinita, se enciende una llama en el corazón. Ser objeto de su elección alienta nuestra vida y empezamos a caminar, ejerciendo ministerios con los dones que nos ha regalado y en cada descubrimiento y en cada acción avanzamos creciendo y madurando. Al menos ese es el ideal divino.
Lo sepamos o no, Dios observa nuestra vida, pero ellas y ellos también. La Comunidad con la que caminamos día a día, observa nuestro andar; se detiene para vernos en los momentos de alegría cuando las bendiciones rebasan las expectativas, también nos observa en el tiempo de la crisis y dolor, cuando parece que se agotan las ilusiones y esperanzas. Aun sin desearlo o esperarlo, pone atención a nuestras acciones, palabras y actitudes. En el fondo, todos necesitamos un modelo de carne y hueso, que hable su idioma, y tenga su misma sensibilidad y algunos creen encontrarlo en nosotros.
Hay quien nos ve, como un ejemplo a seguir, como una encarnación palpable del mensaje del evangelio, como un anhelo de su realización personal… por ello, debemos ser extremadamente cuidadosos en el liderazgo que ejercemos. El líder, en su naturaleza humana, es propenso a buscar la fama y el honor personales, le corre en las venas el ansia de poder; por lo cual, todos los días debe batallar con “los demonios del egoísmo y la soberbia”; y esos mismos “demonios”, nos atacan a nosotros que estamos al frente de un ministerio, es más, somos el blanco preferido. Los que hablamos de renuncia y amor a los demás, nos podemos dejar arrastrar por sentimientos contrarios, los que predicamos la paz abundante, también podemos sufrir su escasez. Lo más probable es que algunos están siguiendo nuestros pasos, tengamos en cuenta, que si nos equivocamos, ellos también corren riesgo de ser lastimados.
Es obligado que cada día revisemos nuestro interior, nos veamos en el espejo de la Palabra con calma, sin prisas ni engaños. Que su poder y eficacia nos despoje de esa falsa modestia, con la cual también dañamos de manera encubierta. Nos conviene, orar por nosotros, con vehemencia, con profunda necesidad, como si estuviéramos moribundos, al borde del colapso. Así, daríamos cada paso con la sobriedad y prudencia necesarias. Debemos revisar que nuestras motivaciones sean puras, y que nuestras formas de actuar sean humildes y justas.
Nos conviene, predicarnos primero a nosotros, pero fuerte, para que sean traspasados los muros del supuesto conocimiento y la conformidad, y sea descubierta nuestra fragilidad y dependencia. Predicarnos a nosotros, sin miedo. Sentarnos en el primer lugar, no como el sitio de honor, sino como el lugar del necesitado, del incompleto, del insuficiente. Sólo desde esa precariedad podremos ver nuestra realidad y obtener la fe necesaria para que Cristo se siga conformando en nosotros momento a momento, día a día.
En la función que Dios nos permite desarrollar ahora, recordemos tomar en cuenta estos aspectos:
1. Seamos guías espirituales íntegros.
Un líder con integridad, tiene credibilidad, y puede influenciar eficazmente a otras personas. Las palabras van a impactar en los corazones si están respaldadas por evidencias de la fe cristiana.
«Así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros» (1 Corintios 1:6).
2. Llevemos las personas a centrarse en Cristo.
No permitamos que la gente se detenga en nosotros, orientemos siempre la mirada de ellos hacia el Salvador. Las personas perciben si buscamos nuestra gloria o si de verdad, dejamos de lado las pretensiones vanas y damos la alabanza total al Señor de todo.
«Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz» (Juan 1:6-8).
3. Permitamos que la palabra
siga transformando nuestras vidas.
Sigamos leyendo a diario la Palabra eterna. La lectura de la Palabra traerá cambio y entusiasmo a nuestra vida cotidiana. La fe en Dios debe ser una experiencia personal con Él. Será perceptible si al compartir un mensaje o testimonio, hablamos de un desconocido o de alguien cercano.
«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22).
4. Hagamos de la oración un hábito de dialogar con el Señor.
No importa nuestra experiencia o preparación, la oración nos conecta con Dios, fuerza primera y final de todo lo que existe. La oración nos hace sensibles de la presencia cercana del Señor y nos alienta a permanecer en obediencia y sumisión. En el encuentro de oración hallamos la verdadera paz que viene de Dios. Confiando en sus propósitos y reafirmando la fe en sus promesas.
«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7).
5. Mostremos la unción del Espíritu Santo a través de un carácter afable.
El reto de la afabilidad; un líder con un espíritu afable perdura hasta la eternidad. Un carácter transformado por la gracia del Señor experimenta el perdón y la reconciliación consigo mismo y con los demás.
«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley» (Gálatas 5:22-23).
Los verdaderos líderes impactan vidas. En la historia de nuestra iglesia, hemos contado con hombres y mujeres, que han guiado al pueblo conforme al corazón de Dios. Sus vidas nos siguen inspirando, sus testimonios siguen abriendo caminos de esperanza. Pidamos a Dios que nuestra vida también sea un instrumento de bendición, que también cuente para la eternidad.
«Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe» (Hebreos 13:7).
Hoy alguien te sigue, no lo defraudes…
Mejora tu relación con Dios
Mejora tu relación con Dios
O.I. Sugey Zavala

A lo largo del tiempo escuchamos lo maravilloso que es tener una sana relación con Dios, los beneficios que trae para nuestras vidas cotidianas y para nuestra vida espiritual, incluso podemos ver a hermanos y hermanas que tienen un crecimiento impresionante en conocimiento de la Palabra y en los frutos que refleja el trabajo que hacen en el ministerio que desarrollan; muchas veces pensamos que ojalá pudiéramos tener las habilidades o dedicación que ellos tienen para también tener el mismo resultado o uno aún mejor, incluso podemos llegar a fantasear respecto a lo que se puede hacer mejor y cómo nosotros implementaríamos nuevas formas para tener mejores resultados. Sin embargo, nada es suficiente si no tenemos un tiempo diario para cultivar nuestra relación con Dios, esa que a nivel personal tienes tú con Él; no la que Él tiene contigo.
Tómate un tiempo para evaluar la forma en que sostienes esa relación, pregúntate ¿cómo defines tu relación con Dios? ¿Cómo la alimentas? ¿Cuál es el grado de confianza que existe? ¿Cómo la expresas? ¿Qué frutos tiene? ¿Cómo contagias a otros las ganas de tener una relación estrecha con Dios? ¿Qué evidencia ven otros de la relación que mantienes con Dios? Una vez que tengas las respuestas, te invito a que pienses de qué manera puedes hacer que mejore esa relación que mantienes con Dios.
Y es que, si somos brutalmente honestos no siempre estamos donde queremos y/o no con los resultados que queremos. Entonces, inevitablemente surge la pregunta: ¿Cómo puedo mejorar mi relación con Dios?
Cuando nos hacemos este tipo de preguntas, nos encantaría encontrar una receta que nos diera resultados inmediatos, sin embargo, aun las recetas de cocina requieren un tiempo de preparación, otro tiempo para que los ingredientes puedan soltar su sabor y estos a su vez puedan mezclarse para llegar al resultado deseado. Piensa en este tiempo de preparación, cuando te encuentres ante una situación en la que quieras resultados inmediatos y es que todo lo que nos edifica merece el tiempo necesario de preparación, el empeño para que aprendamos a hacerlo bien y posteriormente podamos disfrutarlo y compartir con alguien más. En fin, te compartiré algunas cosas que puedes implementar para establecer y mejorar tu relación con nuestro Creador.
1. Búscalo: preséntate tal cuál eres, Él ya te conoce y sabe quién eres, cuáles son tus peticiones y fortalezas, las debilidades y angustias que estás atravesando; sin embargo, Dios escucha la oración de sus hijos y actúa sobre los corazones que le buscan. Dobla tus rodillas, eleva una oración hacía Él cada día sin que esté cargada con una petición, sólo date la oportunidad de agradecer la vida que te da, la familia, los amigos, los hermanos, incluso las situaciones adversas que estás atravesando. Búscalo no sólo en momentos de indecisión, angustia o tremenda necesidad, alza tu voz a Dios cuando tengas las ganas de contarle a alguien la felicidad, emoción, impulso que te da el que algo esté saliendo bien en tu vida y reconoce que todo va dándose porque Él así lo permitió. También permite que esté a tu lado en los momentos de profunda soledad, tristeza o desaliento; háblale y busca su rosto en situaciones en las que sientas que la injusticia está llevándose tu voluntad de mantenerte de pie. Él siempre nos levanta, reconforta, sostiene y sustenta.
2. Establece canales de comunicación: permite que Él te dé respuesta a tus oraciones: peticiones, acciones de gracias, respuesta por algo que no tienes claro, etc. Escucha su Palabra, medita en ella y permite que alguien más te hable de Dios. Puedes escuchar predicaciones en YouTube, siempre bajo la lupa de 1 Tesalonicenses 5: 21-23: escuchemos, analicemos y retengamos lo bueno, dejando que Dios nos santifique a través de lo que estudiamos; escucha testimonios de quienes han vivido en carne propia una transformación luego que Dios los tocó; lee la biblia, cinco minutos diarios no son suficientes para leer la biblia, sin embargo, puede ser un buen inicio si no tienes el hábito de hacerlo y luego reflexiona la enseñanza que se encuentra en la porción bíblica que leíste; escucha música que esté llena del mensaje de salvación, música que edifique tu vida. Todo enseña, sólo basta que le des oportunidad a Dios de hablarte por medio de lo que estás viviendo.
3. Cuéntale a los demás de Él, estoy segura de que te sabes de memoria Lucas 6:45b (RVR) “…de la abundancia del corazón habla la boca”. No temas hablarle a los demás del amor que Dios ha mostrado y sigue mostrando en tu vida a cada instante; no tienes que preparar predicaciones super elaboradas para comenzar a hablar de Dios, de hecho es más sencillo de lo que piensas: cuéntale a tus amigos las cosas que haces con tu grupo de jóvenes, organízate con tu grupo local para ver una película con mensajes cristianos e inviten a amigos a compartir el momento y después platiquen de lo aprendido, agrega a tu play list y comparte cantos cristianos con tus amigos, organicen juegos o retas deportivas con amigos y jóvenes de la iglesia para que vean cómo compartir el tiempo en un ambiente limpio, es muy divertido.
4. Sé ejemplo presente de Su esencia. Jesús vino a servir con amor y humildad, tú también tienes la oportunidad de hacerlo en todos los lugares en los que te desenvuelves día a día y para hacerlo no necesitas más que voluntad de hacerlo. Dios te abre los ojos para que puedas ver la necesidad de otros y puedas llevarlo a cabo (Mateo 25:40). Sé mayordomo de la creación respetando espacios, cuidándolos y haciendo lo posible por conservarlos, ayuda a personas que no puedan cruzar rápido la calle, sé amable con quienes te encuentres en el camino, sede el asiento en el transporte, escucha a quienes quieren contarte algo, brinda palabras de aliento, sé sincero y empático con quienes te rodean, controla tu carácter, escucha el punto de vista de los otros y no quieras tener la razón siempre (porque no siempre la tienes), no discutas.
5. Permite que Él obre a través de ti. No tengas miedo de actuar y crecer en el ministerio de Dios; reconoce cuales son los dones y habilidades que Dios ha puesto en ti y ponlas en práctica, no dejes enterrado el talento que te fue dado, porque Dios te pedirá cuentas y frutos de tus dones (Mateo 25: 14-30), no permitas que por inactividad te sea retirado algo que fue preparado para que tú lo explotaras para provecho de la obra evangélica: si tienes el don de la música, de la palabra, del estudio, de la enseñanza, de la escritura, si las personas se te acercan en busca de consejos, palabras de aliento, etcétera; no te rindas, sigue estudiando y comprométete a dar lo mejor de ti a través de la necesidad del otro, pues ejemplo tenemos de que las cosas pueden hacerse desde nuestra condición humana (1 Corintios 12:7-11).
Identifica cuando lo que haces es por la fuerza y voluntad de Dios separando cuando es por fuerza y voluntad del egocentrismo que sólo nutre la banalidad, distingue el momento para que puedas ponerle doble esfuerzo y con ayuda de Dios domines la vanagloria y todo tu tiempo sea puesto a disposición de Dios.
El Señor no nos ha dado tareas imposibles de cumplir y es nuestro momento de ponernos en acción como muestra del agradecimiento que tenemos hacia Él por rescatarnos de la condición de indiferencia y comodidad en la que estábamos sumergidos.
Deseo con todo mi corazón que juntos como FJC nos levantemos y pongamos en marcha todos los talentos que tenemos para lograr que México se convierta en un país que restaure su relación con Dios a través de nuestro ejemplo.
Una doctrina que sana
Una doctrina que sana
Min. Josué Ramírez de Jesús

El conocimiento de la doctrina ha tenido gran relevancia en la historia de nuestra iglesia. Tan importante ha sido, que los primeros evangelistas fueron hombres y mujeres que se daban a la tarea de proclamar y defender la doctrina de la iglesia de Dios. La base del convencimiento de las personas estaba en la diferenciación de la doctrina de la iglesia en relación a otras denominaciones. Dicha diferenciación siempre se sustentó en apego al texto bíblico.
La doctrina se convirtió de esta manera, en un poderoso estandarte que representaba orgullo y seguridad en los predicadores. Hermanos de formación académica limitada, encontraron en ella la sabiduría e inspiración para predicar ante cualquier tipo de hombre o mujer, por más intelectuales que fueran.
Una primera y gran etapa en la vida de la iglesia estuvo centrada en la proclamación de la doctrina. Sin embargo, nuestra historia también da evidencias de varias controversias teológicas que culminaron en divisiones dentro de nuestra iglesia. Estas controversias tuvieron su origen en las diferentes convicciones teológicas; hasta el día de hoy, encontramos múltiples ramas o tendencias en el pensamiento teológico en las iglesias y en los creyentes.
Gracias a Dios y a la capacidad que ha tenido la Iglesia a lo largo de estos años, de reflexionar sobre sí misma; la orientación y el perfeccionamiento de la doctrina, así como de sus prácticas y liturgia, el efecto separatista de diferentes posturas bíblico-teológicas en virtud de su irrelevancia para la salvación y la práctica cristiana ha menguando progresivamente.
Queda claro que la doctrina tiene un impacto tremendo en la vida del creyente y de la iglesia. Y es que la doctrina afecta tanto al intelecto como a la voluntad humana. La doctrina no es meramente una lista de lo que afirmamos desde la perspectiva de la fe. La doctrina es, en efecto, la esencia de lo que vivimos y el corazón de lo que afirmamos fundamentados en la fe. La doctrina sirve al propósito de unirnos en aquello que creemos para establecer nuestra unidad en la fe.
Con el antecedente descrito ¿Cuál será la evidencia de que tenemos una sana doctrina?
Es importante pensar en esta pregunta, porque en nombre de una “sana doctrina” podemos caer en el error de contender y discutir sin ningún provecho (Tito 3:8-9).
La clave en la respuesta a esta pregunta está en comprender la connotación que “la doctrina” tiene en la Biblia. La doctrina no se puede entender de manera teórica en la Biblia, no son posturas acerca de la fe que se articulan sistemáticamente, tampoco se refiere a la enseñanza relacionada con las diversas interpretaciones de la Biblia. La doctrina en la Biblia es más bien un poder de transformación y curación humana (Marcos 1:27).
En la línea de Jesús, la doctrina de la iglesia ha de expresarse como autoridad sanadora, al servicio de la transformación del hombre, y no como doctrina oficial, recogida en documentos teóricos. En ese sentido ha de entenderse la doctrina de Cristo, que es la doctrina de los apóstoles (2 Juan 1:9, Hechos 2:42).
En las Cartas Pastorales la doctrina tiene calificativos importantes como:
– «conforme a la piedad» (1 Timoteo 6:3; Tito 1:1)
– «buena» (1 Timoteo 4:6)
– «sana» (Tito 2:8)
La piedad (eusebeian) incluye una conducta conforme a las palabras y el ejemplo de Cristo (1 Timoteo 3:16, 2 Timoteo 3:12) es un término recurrente en las cartas pastorales; aparece al menos diez veces en ellas. El término es muy conocido en la literatura griega y en los Setenta como una expresión de reverencia por lo divino y respeto por la autoridad humana.
En contraste con los efectos dañinos de las falsas doctrinas, la sana doctrina está restringida a la sana conducta de las personas como señal de ortodoxia ante las herejías.
Queda claro que el sustento de las cartas pastorales, cuando refiere a la sana doctrina, lo encontramos en los evangelios: Mateo 22:33, Lucas 4:31-32, Marcos 1: 27, Mateo 15:8-9, Juan 7:14-18.
Como podemos ver, los evangelios ponderan la doctrina, particularmente de Jesucristo; aunque hablan de una doctrina expuesta con autoridad, y hablan también de mandamientos de hombres que se convierten en doctrinas.
En el evangelio de Marcos hay algo significativo, el evangelista no transmite el contenido doctrinal de la enseñanza de Jesús, sino un rasgo distinto: la palabra convertida en curación (Marcos 1:21-28). Contrario a la doctrina de los escribas que se sustentaban en discusiones eruditas sobre los antiguos escritos y sus enseñanzas (1:22). Marcos corta con esa línea, por eso ha interpretado la enseñanza de Jesús como contacto personal de liberación:
(a) Pues como había sanado a muchos, todos los que tenían plagas se echaban sobre él para tocarlo.
(b) Y los espíritus inmundos, al verlo, se postraban delante de él, y gritaban: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Marcos 3:10-11
En estos versos vemos una clara correspondencia:
• Los enfermos realizan un doble movimiento: Acercarse y tocar.
• Los espíritus inmundos realizan un doble movimiento: Postrarse y confesar.
El evangelio de Jesús, su enseñanza y su doctrina se puede condensar en: sanar y liberar a las personas. Por un lado, demuestra una gran autoridad (le confiesan los demonios) y, por otro, tiene una inmensa cercanía, de manera que todos los enfermos vienen a tocarle, y al hacerlo quedan transformados.
La novedad de esa enseñanza no está en el plano de teorías, en nivel de contenidos conceptuales, sino en que ella puede interpretarse como una práctica que sana y libera. Es en la sinagoga donde los hombres se encontraban dominados por sus doctrinas y tradiciones ancestrales, incapaces de cambiar. Allí Jesús ha impactado con su fuerte novedad, al presentar el Reino de Dios ha dejado claro; no se trata solamente de decir, sino de hacer. Se trata de sanar y transformar la realidad de los demás.
Pasó el tiempo y surgió la Iglesia Cristiana, y la doctrina ocupo un lugar preponderante: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos. 2:42). Pero aquí, la palabra doctrina no es pasiva; es activa. La frase significa que persistían en escuchar a los apóstoles mientras enseñaban.
Uno de los grandes peligros de la iglesia es convertirse en una religión pasiva, que reflexiona más de lo que hace, o que mira hacia atrás en vez de hacia delante. Justamente la Misión de la iglesia es continuar la obra de Cristo en el mundo.
Al pasar de los años surgieron en la iglesia naciente, grupos y movimientos que distorsionaron la doctrina de Jesús, y cuestionaron incluso su autoridad y la de los apóstoles; prueba de ello es que Pablo y Juan deben exhortar a la comunidad: Efesios 4:14-15; 1 Timoteo 1:3; 1 Timoteo 4:16; 2 Juan 9.
Hoy tenemos el desafío de vivir la Doctrina de Jesús y hacer de ella una práctica transformadora; que libere a la gente que no sea una carga, que le proyecte vida-sanidad no apatía y letargo, que una a las personas no que la separe, que le provoque al crecimiento y la madurez, que le dé apertura y no cerrazón. Que nos mueva a vivir como Iglesia y no como una asociación religiosa.
Jesús nos ha enseñado en los evangelios que la doctrina hay que vivirla. Y un aspecto importante que no debemos olvidar de la doctrina es el aspecto sanador, el efecto positivo que provoca en la vida de las personas. Porque cuando el enfoque en la doctrina está por encima de las personas y la misericordia, cuando se centra solo en la letra y no en la acción, corremos el peligro de ser muy religiosos, pero no discípulos de Cristo. La Sana Doctrina es sanadora a quien la comparte y a quien la recibe. Cuidemos de no convertir a la doctrina en el centro de nuestra adoración, cuidemos de caer en una “doctrinolatría”.
Algunos piensan que la sana doctrina hay que defenderla, que hay que contender con quienes piensan diferente o hay que alarmar a los hermanos porque se está perdiendo. Pero debemos aceptar con humildad que cuando la Biblia habla de “Sana Doctrina” no se refiere a nuestro fundamento de fe; ni en su redacción actual ni en la que ha tenido a lo largo de los casi 100 años que tenemos como iglesia en México.
La sana doctrina se relaciona explícitamente con la enseñanza de Jesús y la enseñanza de Jesús tiene ciertas características y todas son positivas: sana, buena y conforme a la piedad. Esto determina toda nuestra creencia y toda nuestra práctica. La orientación que le debemos dar a nuestro fundamento de fe va en esa dirección, pues Jesús y el Evangelio son el corazón de toda nuestra reflexión teológica, pero también de toda enseñanza cristiana y siempre será la proclamación del evangelio la base del perfeccionamiento de la doctrina.
Referencias:
• Ramos, R. (1995). Historia de la Iglesia de Dios (7 día) en México.. México: La Verdad Presente.
• Pikaza, X. (2015). Gran diccionario de la Biblia. España: Verbo Divino
Playlist
Playlist
«…Se cansó de ser buena, ahora es ella quien los usa
Que porque un hombre le pagó mal, ya no se le ve sentimental…
Pero si le ponen la canción le da una depresión tonta…
Pero diste todo este llanto por nada, ahora soy una chica mala…”
Hoy tengo un mensaje muy importante para tu vida: ¡NO LO ESCUCHES TODO!
Las palabras tienen un impacto muy poderoso en nuestras vidas, por ello es importante cuidar el mensaje de cada canción que escuchamos ya que diariamente nos estamos llenando de éstos. Actualmente, por citar algo, el reggaetón se ha convertido en uno de los estilos musicales más populares y seguramente conoces y te gustan algunas canciones de este género, no podemos negar que el ritmo es contagioso y más cuando parece que “todo el mundo lo escucha” entonces, un día inconscientemente te encuentras tarareando una canción de estas, aunque también es cierto que no ignoras que el contenido de la mayoría de sus letras son mensajes obscenos y denigrantes que no deberías escuchar, cantar y mucho menos traer en la lista de reproducción de tu celular.
La pregunta: ¿Es pecado escuchar música del “mundo”?, es uno de los cuestionamientos más frecuentes entre los chicos de nuestra iglesia y probablemente sea una duda que tú tengas en este mismo instante.
El primer punto que debemos aclarar es: No existen la música “del mundo” ni la “cristiana”. Según la Real Academia Española, música se define como: Melodía, ritmo y armonía, combinados. Por lo que música es música sin importar ritmos y géneros con todas sus variedades y estilos. Entonces ¿puedes escuchar la música que sea? La respuesta la encontramos en la biblia: Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana. (1 Corintios 10:23 TLA). Parafraseando al apóstol Pablo la respuesta sería: SÍ PUEDES PERO NO DEBES. Solemos definir la música como cristiana cuando contienen mensajes que edifican e impactan positivamente a nuestras vidas ayudándonos a crecer espiritualmente. Por el contrario, existe muchísima música con mensajes que simplemente no edifican sino que contienen letras que denigran a la mujer o al hombre, nos invitan a ser vengativos y crueles, llenos de malas palabras, de sentimientos de odio y desamor, mensajes declarando que la vida no vale nada e invitándonos a vivir en depresión.
Quiero proponerte un verdadero reto: al terminar de leer este mensaje crea tu propia PLAYLIST haciéndote una pregunta muy sencilla que alguna vez me recomendó mi pastor: ¿Jesús escucharía esta canción?. Si la respuesta es sí, no lo pienses más y agrégala a tu Playlist, sin duda debe estar en tu repertorio de música y si la respuesta es no, entonces desiste de agregarla, protege tus emociones y sentimientos, guarda tu corazón y busca cada día acercarte a Jesús cuidando aún los detalles más pequeños.
Bibliografía
https://www.google.com/search?q=tusa+letra&rlz=1C1NDCM_esMX785MX785&oq=tusa+&aqs=chrome.1.69i57j0l7.2530j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8
http://lema.rae.es/drae2001/srv/search?id=mrTCGZ1jGDXX2Spz9U29
https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+Corintios+10%3A23-26&version=TLA
Consolidemos la fe en pareja
Consolidemos la fe en pareja
Por: Hna. Lilia Bertha González y Diác. Francisco Javier Turrubiates

Una parte del fruto del Espíritu Santo es la fe, todos los que hemos aceptado a Cristo y guardamos sus mandamientos, tenemos la seguridad de que su Espíritu vive en nosotros conforme a la promesa del Señor (Juan 14:16), por lo que en nuestra relación de pareja será un factor fundamental que contribuya a la preservación de nuestro matrimonio a través del tiempo.
La palabra de Dios nos dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Por lo que si nuestro matrimonio está cimentado en una fe viva, nos puede dar la certeza de que a pesar de lo que tengamos que experimentar, siempre estaremos confiados en que Dios nos guiará en esta gran aventura que es el matrimonio.
La experiencia de fe de Abraham y Sara.
Abraham y Sara su mujer vivían en medio de un pueblo idólatra que no conocía al verdadero Dios, sin embargo cuando Dios se reveló a Abraham diciéndo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré, Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición,…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3) Abraham salió con Sara dejando parientes, tierras y posesiones. No dudaron de las promesas de Dios, creyeron en su palabra, tuvieron la certeza de aquello prometido, aunque no lo podían visualizar y salieron a emprender un camino que al final sería de bendición. Sin embargo, para Abraham y Sara no todo fue fácil, encontraron obstáculos en donde su fe fue probada:
– Hubo hambre en toda la tierra por lo que tuvieron que descender a Egipto por alimento, ahí la vida de Abraham y Sara peligraron, ella era hermosa y pudo haberla tomado Faraón y él podría haber sido asesinado; además cometieron el error de decir que eran hermanos. A pesar de ello, la respuesta de Dios llegó, hirió a Faraón y su casa con plagas, por lo cual ordenó que “expulsaran a Abraham y a su esposa, junto con todos sus bienes” (Génesis 12:20, NVI), llegando a ser Abraham “riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13:2).
– La prueba de fe más fuerte que tuvieron, fue la posibilidad de perder a su único hijo en quien recaía la promesa, parecería que lo que Dios les prometió se diluiría con la petición del sacrificio de Isaac. Ellos ya no tendrían más descendencia puesto que Sara era estéril. Sin embargo la fe firme, fuerte y viva de Abraham le llevó a responder a su hijo: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto” (Génesis 22:8) y Dios de nuevo respondió: a sus espaldas un carnero trabado en el zarzal. Abraham sabía lo que Dios había prometido: “… en Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aún de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir.” (Hebreos 11:18-19).
Las dos experiencias de este matrimonio nos enseñan que en los tiempos de necesidad, de carencias, de peligros, de enfermedades; y en momentos en donde incluso la vida del cónyuge está en peligro, a pesar de nuestros errores, Dios se manifiesta si tenemos una fe al nivel de sus promesas, como aquella que mencionó Jesús, del tamaño de un grano de mostaza, que en cada prueba va creciendo hasta ser como un árbol gigante que da sombra, frescura, tranquilidad a nuestra vida matrimonial en medio de las turbaciones y la certeza de un matrimonio de bendición.
La importancia de la fe en las crisis matrimoniales.
La pareja a lo largo de su vida matrimonial pasa por diversas etapas, cada una tiene sus bondades como también sus retos. Sin importar si tenemos un matrimonio joven, adulto, o en la tercera edad, seguramente en algún momento, circunstancias críticas pueden llegar a nuestras vidas.
En la actualidad podemos ser testigos de que para los jóvenes es muy fácil decir: «si no nos entendemos nos divorciamos». El matrimonio adulto podrían haber decidido estar bajo el mismo techo, sin embargo viven un triste divorcio espiritual; y en el matrimonio de la tercera edad, lo que puede prevalecer es la costumbre. Podemos decir que en estas situaciones lo que ha faltado es una fe viva, basada en la convicción de que Dios actuará en cada cónyuge para resolver nuestros conflictos y mejorar las condiciones de vida en la relación matrimonial.
La crisis de las enfermedades
En la vida matrimonial podemos pasar por diferentes crisis: la interferencia de la familia, las finanzas, matrimonios mixtos, el nido vacío, etc. Queremos referirnos a la crisis ocasionada por las enfermedades:
Qué impotencia y que tristeza se siente cuando el ser amado lleva sufriendo por mucho tiempo una cruel enfermedad. Cruel porque el dolor es insoportable; cruel porque sus fuerzas han mermado; cruel porque su cuerpo se consume cada día. Los médicos le han dicho “no hay nada más que hacer”.
Si la pareja está viviendo esta situación, es momento de echar mano de la fe, de la fe que sustenta, de la fe que da esperanza. Es el momento de juntos clamar y extender las manos suplicantes, reconociendo que nuestro Dios todopoderoso no permitirá que sufran más de lo que puedan soportar. Él es un Dios de grandes milagros. Los hombres dirán no hay más que hacer, pero Dios nos dice: Hay esperanza para ti. Y aunque la respuesta fuera “no más” debemos comprender que en esta es también una respuesta. En su infinita bondad también responde: No más a tu sufrimiento, no más a tu dolor. Tener fe también es aceptar que el Señor obrará conforme a su misericordia dándoles lo que es mejor.
La clave para mantener la fe en Dios, es siempre tener la seguridad de que Él quiere lo mejor para nosotros, es confiar que Él nos escucha cuando juntos lo buscamos en oración; sabiendo que el Señor nos guiará por el camino correcto; que nos ayudará a tomar buenas decisiones que nos protegerá y nos dará paciencia para saber esperar su respuesta, la cual llegará en el momento oportuno y conforme lo necesitemos. Confiar en el Señor trae paz en medio de la tormenta, “angustiados, pero no desesperados”. Si es esta su experiencia, tómense de las manos, lloren, consuélense el uno al otro, confiando siempre en que el Señor hará su obra en nosotros.
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