Mes: marzo 2020
CRISIS DE CREENCIAS
CRISIS DE CREENCIAS. LA LABOR PASTORAL.
Los líderes cristianos antes del amanecer oraban pero fueron interrumpidos estrepitosamente por ruidos y gritos. Las autoridades habían hecho repetidos intentos por convencer a los creyentes para que renunciaran a su lealtad a Jesucristo, habían fracasado. Sin embargo esta vez no había lugar para discusiones. En cuestión de segundos los cristianos se vieron rodeados por un grupo de soldados romanos que inmediatamente los encadenaron y los llevaron a un lugar desconocido. Después, fueron sacados al Coliseo lleno de una bulliciosa multitud ansiosa de ver la espeluznante ejecución. Este grupo fue llevado ante el gobernador quien les ordenó que renunciaran públicamente a su fe en Jesús, el hijo de Dios. “Juren que el César es el Señor y los pondré en libertad” –exigió el gobernante– “de lo contrario, tendrán que enfrentarse a los leones”. Uno de los seguidores de Jesús dio un paso adelante y enérgicamente respondió: “He consagrado mi vida a Jesucristo, el hijo del Dios viviente, y es su voluntad que muera hoy, aquí, que así sea. No puedo renunciar a Cristo” –“Yo tampoco” –dijo uno de sus compañeros. –“Yo serviré a Cristo” –mencionó otro de ellos. El gobernador levantó la mano y respondió: “Ustedes lo han decidido”. Tras ello, los soldados abrieron las puertas, el gentío se levantó enardecidos mientras los leones fijaban su hambrienta atención en los jóvenes1.
Puedes usar tu imaginación y escenificar lo que ocurría en el tiempo de los césares romanos para intentar erradicar el cristianismo; pero la fe, la convicción y el amor por quien hizo posible nuestra salvación en la cruz del calvario debe ser nuestra “lealtad” aún ante el peligro de muerte.
Pastor, líder, mamá, papá, maestro: Necesitamos ayudar a los adolescentes a enfrentar con firmeza los retos que la cultura de hoy les presenta. En palabras del escritor Josh MacDowell les invito: “Si bien, necesitamos tenerle miedo a lo que nuestros jóvenes están tentados a hacer, necesitamos estar más preocupados por la enseñanza que reciben sobre aquello en lo que deben creer.”
Para esta generación adolescente, por gracia del Señor, tenemos algunas herramientas que darles. Por ejemplo, contamos con el “Fundamento doctrinal” de nuestra Iglesia; los 28 puntos de fe divididos en sus tres secciones (Salvación y gracia, Vida cristiana y Escudriñamiento). Les puedo sugerir el estudio de la primera sección y en forma de diálogo, en tiempo presente, pregunte a sus muchachos: ¿Quién creen que es Dios? ¿Cómo creen que es Dios? ¿Cómo conocen a Jesús?
En la investigación “Third Millennium Teens” (Los adolescentes del Tercer Milenio) la mayoría de los encuestados se identificó pertenecer a un movimiento cristiano. La encuesta llegó a las siguientes conclusiones:
- El 80% cree que Dios creo el mundo.
- El 84% cree que Dios se involucra personalmente en la vida de la gente.
- El 87% cree que Jesús fue una persona real.
- El 78% cree que nació de una virgen.
Sin embargo, no obstante estos conceptos:
- El 63% también cree que los musulmanes, budistas, cristianos judíos y todas las demás gentes oran al mismo dios, aunque llamen a su dios por otro nombre.
- El 48% cree que no importa con qué región te asocias, porque todas tienen los mismos principios.
- El 51% dice que Jesús murió pero que NO resucitó.
Querido líder: trate al grupo de adolescentes como sus propios hijos, no exija que aprenda solamente los conceptos por la fuerza, sino estimúlelos y oriéntelos con paciencia. En forma personal tengo recuerdos inolvidables sobre el trabajo con este grupo, incluso llegamos a recorren lugares de la república apoyándolos en sus ministerios. Les invito en aprovechar las virtudes de los muchachos. Formen con amor y acompañamiento constante un carácter cristiano responsable para que proclamen el hermoso poema ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas de bien, del que publica salud, del que dice a Sion: Tu Dios reina! (Isaías 52:7)
Pastor, no olvides a tu grupo de adolescentes. Acompáñalo con cariño y tu ejemplo. Formemos en esta generación creencias firmes y sólidas que ante la adversidad se mantengan de pie, basados en Cristo Jesús.
Con amor cristiano.
Min. Francisco Toto
BIBIOGRAFÍA
McDowell, J., & Hostetler, B. (2003) Convicciones más que creencias. EUA: Mundo Hispano.
Comunicado 18/03/2020
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Soy hijo de un pastor
Soy un hijo de pastor
Por Galilea Sanchez
Antes de que empieces a leer, me gustaría que reflexiones las siguientes preguntas, independientemente de que seas hija/o de pastor o no: ¿Qué características consideras debe distinguir a un hijo de Dios? ¿Crees que el comportamiento de quien se dice ser hijo de Dios debe ser diferente a los que no lo son? Siendo sincero, adolescente, ¿qué tan cerca estás de cumplir las características que tú has mencionado?
Espero realmente hayas analizado detenidamente estas tres preguntas, ya que esto tiene que ver también, con ser un “hija/o de un pastor”.
Lo que tú sientes, piensas y vives al ser hijo de Dios es lo que, varios de ellos viven al ser parte de la “familia del pastor”. ¡Así es! Sólo que, lamentablemente en nuestra actualidad, el serlo se ha visto como una problemática, tanto para la iglesia como para el/la adolescente o familia pastoral.
Ser hijos de Dios es un tesoro enorme, un regalo tan grande que nos debería encantar y emocionar compartirle a las personas que no gozan de ese privilegio. Claro que este regalo nos debe hacer “diferentes” al mundo; no actuamos de la misma manera que actúan nuestros amigos, no tenemos el mismo vocabulario que ellos, no creemos como ellos creen, no festejamos todo lo que el mundo acostumbra, ellos no ven y gozan la vida como nosotros lo hacemos junto con Dios. Esto es lo que nos hace ser diferentes a los demás, nos hace ser únicos y permite distinguirnos.
¿Ha sido fácil ir contracorriente del mundo? ¡Claro que no! Esta vida llena de felicidad, de amor y entrega a Dios, es una lucha de cada día. Diariamente podemos ser criticados, juzgados o cuestionados. El entorno está al pendiente de nuestro camino para ver en qué momento fallamos, esperando para atacar y apagar esa luz que el Señor ha puesto en nosotros, una luz que brilla en la tempestad y en la oscuridad del mundo.
¿Crees que esto pueda suceder dentro de la iglesia? Tristemente, a veces sí.
Y en donde se ve más reflejada esta situación es en la vida de los hijos de los pastores. Ellos están expuestos a comentarios constantes sobre su comportamiento, su vestimenta, sus reacciones ante cualquier cosa o hasta su propio desarrollo en las etapas de la vida. Al parecer ellos/as no tienen esa “libertad” que tienen los demás chicos y en ocasiones es lo que desanima al joven o lo hacen sentirse ahogado ante la “mirada” de todos.
Bueno, déjame decirte que ellos forman parte importante de una familia que la Iglesia ve como ejemplo y como guía. El hecho de que ellos sean adolescentes o jóvenes los puede hacer llevar una carga pesada de responsabilidad, compromiso y cautela ante todo lo que hagan.
Como tú y como yo, los hijos de pastores viven sus crisis en esta etapa. Debemos entender que nadie, en lo absoluto, está exento a fallar o tropezar. Todos estamos expuestos a ello y no deberíamos ser sólo criticados ante una caída, por el contrario, deberíamos ser amados, abrazados y orientados por Dios a través de su amada iglesia.
¡Ser hijo de pastor es tan increíble como ser hijo de Dios!
Se conoce a la iglesia de una manera más cercana y se logra conectar con ella de una manera sensacional. Permite ir madurando el carácter por medio de las diversas situaciones que se pueden presentan. Incluso, los señalamientos personales ayudan a reflexionar más acerca de las cosas y tener una postura propia sobre muchos temas.
Te invito a que, si eres amigo de alguien que sea hijo/a de pastor (sea o no en tu localidad) procura no cometer el error de solamente señalarlos y cuestionarlos en su actuar, al contrario, apóyalos y bríndales tu ayuda, el amor, el consejo, el abrazo y la compañía que necesitan y que nuestro mismo Dios te da. Ora por ellos, para que puedan crecer en madurez espiritual buscando siempre la aprobación de Dios.
Hijo de pastor: crece en Dios, madura en Él y sírvele con todo tu corazón. Agradécele por permitirte ser un ejemplo y deja que él te siga usando como instrumento para bendecir a su pueblo. No importa lo que digan de ti, quédate con lo que te construya y desecha lo que no ayuda en tu vida espiritual. ¡Dios está contigo!
Yo soy hija de pastor y no me avergüenzo.
Soy hija de pastor y soy libre, porque también soy hija de Dios.
Soy hija de pastor y es una hermosa bendición.
Soy hija de pastor y agradezco cada día a Dios por este privilegio.
¡Soy hija de pastor! ¡Gloria a Dios!
Celebra con tu familia esta bendición. Celebra a Cristo por este regalo.
“Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas”.
Gratitud, una ofrenda de amor.
GRATITUD, UNA OFRENDA DE AMOR
“Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a Él le agrada, con temor reverente.” (Hebreos 12: 28, NVI)
Una de las afirmaciones más significativas de la palabra de Dios es que su Reino se ha acercado a la humanidad y es nuestra decisión vivirlo. Tal como menciona el escritor de Hebreos, al recibir este Reino, debemos ser agradecidos y, por ende, esta gratitud se traduce en una verdadera y honesta adoración al Señor con una reverencia y sometimiento pleno a su voluntad.
El concepto de ofrenda se refiere a elementos que el adorador (el creyente, nosotros) presenta a Dios para expresar su devoción y acción de gracias. Por lo que, podemos decir que una de las mayores ofrendas que brindamos a Dios, es nuestra gratitud ante toda circunstancia.
¿Con que elementos podemos ofrendar nuestra gratitud a Dios con temor reverente?
1.Guardando los mandamientos y viviendo en santidad
Una persona que ama a Dios, guarda sus mandamientos (Juan 14:21), pero sobre todo los obedece plenamente y busca vivir en santidad (Hebreos 12:28). Santidad es estar apartado, siendo una sola pieza en “integridad” y con esta integridad brillar como oro, brillar en pureza; ser santo es mostrar una sola cara íntegra en tu hogar, escuela, colonia, amistades, etcétera.
2. Creciendo como verdaderos adoradores
La verdadera adoración es un modo de vida (Romanos 12:1). La vida en su totalidad se considera un acto de adoración o servicio ante Dios. Una vida donde debemos practicar: la oración, alabanza, acción de gracias, caridad/ofrenda, servir en un ministerio, estudio de la palabra de Dios y disciplina. Adora día a día al Señor.
3. Siendo humildes
La soberbia ocasiona que confiemos totalmente en nuestras propias fuerzas, habilidades y conocimientos; sin embargo, recordemos que la soberbia fue el pecado original cometido por Adán y Eva al comer el fruto del árbol prohibido, al buscar tener mayor conocimiento incluso que el de Dios. La humildad nos permite recordar la dependencia total a Él, y nos da la oportunidad de experimentar el amor y la misericordia hacia quienes nos rodean.
4. Participando activamente en la Misión.
La Misión de la Iglesia es compartir el Evangelio (las buenas nuevas), pero no solo de lo que Jesús hizo en la vida de Lázaro, del paralítico, de la mujer samaritana, del ciego, etcétera, sino de compartir lo que Jesucristo ha hecho en la vida de cada uno de nosotros. Dios quiere que contemos nuestra historia, en donde Él y nosotros somos los protagonistas. ¿Quieres ofrendar gratitud? Entonces cuenta la historia de lo que Cristo ha hecho por ti a tus familiares y amigos, para que más personas crean y acepten a Jesucristo como su único salvador.
Recordemos siempre que la acción de gracias debe ser un elemento natural de la adoración cristiana y debe ser una característica de todo creyente.
Alguien está siguiendo tus pisadas
Alguien está siguiendo tus pisadas
Hna. Jocheved Martínez Vargas

Ser guías es un privilegio y un desafío. Dios se acerca, a su manera, a los seres humanos para hacerlos partícipes del privilegio de colaborar en su Plan de Redención. A Él no le falta ni sabiduría, ni poder, ni recursos para llevarla cabo; sin embargo, en una extraordinaria muestra de generosidad, nos concede la oportunidad de liderar su bendito pueblo. No es por abolengo, ni autoridad personal, ni escolaridad superior; es sólo por su maravillosa gracia que nos llama y faculta para guiar, aconsejar, acompañar, dirigir…pastorear otras vidas.
El proyecto es de Dios, y Él llama a quien quiere. Algunos, movidos por la ternura divina, levantamos la vista y somos encontrados por su amor y misericordia infinita, se enciende una llama en el corazón. Ser objeto de su elección alienta nuestra vida y empezamos a caminar, ejerciendo ministerios con los dones que nos ha regalado y en cada descubrimiento y en cada acción avanzamos creciendo y madurando. Al menos ese es el ideal divino.
Lo sepamos o no, Dios observa nuestra vida, pero ellas y ellos también. La Comunidad con la que caminamos día a día, observa nuestro andar; se detiene para vernos en los momentos de alegría cuando las bendiciones rebasan las expectativas, también nos observa en el tiempo de la crisis y dolor, cuando parece que se agotan las ilusiones y esperanzas. Aun sin desearlo o esperarlo, pone atención a nuestras acciones, palabras y actitudes. En el fondo, todos necesitamos un modelo de carne y hueso, que hable su idioma, y tenga su misma sensibilidad y algunos creen encontrarlo en nosotros.
Hay quien nos ve, como un ejemplo a seguir, como una encarnación palpable del mensaje del evangelio, como un anhelo de su realización personal… por ello, debemos ser extremadamente cuidadosos en el liderazgo que ejercemos. El líder, en su naturaleza humana, es propenso a buscar la fama y el honor personales, le corre en las venas el ansia de poder; por lo cual, todos los días debe batallar con “los demonios del egoísmo y la soberbia”; y esos mismos “demonios”, nos atacan a nosotros que estamos al frente de un ministerio, es más, somos el blanco preferido. Los que hablamos de renuncia y amor a los demás, nos podemos dejar arrastrar por sentimientos contrarios, los que predicamos la paz abundante, también podemos sufrir su escasez. Lo más probable es que algunos están siguiendo nuestros pasos, tengamos en cuenta, que si nos equivocamos, ellos también corren riesgo de ser lastimados.
Es obligado que cada día revisemos nuestro interior, nos veamos en el espejo de la Palabra con calma, sin prisas ni engaños. Que su poder y eficacia nos despoje de esa falsa modestia, con la cual también dañamos de manera encubierta. Nos conviene, orar por nosotros, con vehemencia, con profunda necesidad, como si estuviéramos moribundos, al borde del colapso. Así, daríamos cada paso con la sobriedad y prudencia necesarias. Debemos revisar que nuestras motivaciones sean puras, y que nuestras formas de actuar sean humildes y justas.
Nos conviene, predicarnos primero a nosotros, pero fuerte, para que sean traspasados los muros del supuesto conocimiento y la conformidad, y sea descubierta nuestra fragilidad y dependencia. Predicarnos a nosotros, sin miedo. Sentarnos en el primer lugar, no como el sitio de honor, sino como el lugar del necesitado, del incompleto, del insuficiente. Sólo desde esa precariedad podremos ver nuestra realidad y obtener la fe necesaria para que Cristo se siga conformando en nosotros momento a momento, día a día.
En la función que Dios nos permite desarrollar ahora, recordemos tomar en cuenta estos aspectos:
1. Seamos guías espirituales íntegros.
Un líder con integridad, tiene credibilidad, y puede influenciar eficazmente a otras personas. Las palabras van a impactar en los corazones si están respaldadas por evidencias de la fe cristiana.
“Así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros” (1 Corintios 1:6).
2. Llevemos las personas a centrarse en Cristo.
No permitamos que la gente se detenga en nosotros, orientemos siempre la mirada de ellos hacia el Salvador. Las personas perciben si buscamos nuestra gloria o si de verdad, dejamos de lado las pretensiones vanas y damos la alabanza total al Señor de todo.
“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz” (Juan 1:6-8).
3. Permitamos que la palabra
siga transformando nuestras vidas.
Sigamos leyendo a diario la Palabra eterna. La lectura de la Palabra traerá cambio y entusiasmo a nuestra vida cotidiana. La fe en Dios debe ser una experiencia personal con Él. Será perceptible si al compartir un mensaje o testimonio, hablamos de un desconocido o de alguien cercano.
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).
4. Hagamos de la oración un hábito de dialogar con el Señor.
No importa nuestra experiencia o preparación, la oración nos conecta con Dios, fuerza primera y final de todo lo que existe. La oración nos hace sensibles de la presencia cercana del Señor y nos alienta a permanecer en obediencia y sumisión. En el encuentro de oración hallamos la verdadera paz que viene de Dios. Confiando en sus propósitos y reafirmando la fe en sus promesas.
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).
5. Mostremos la unción del Espíritu Santo a través de un carácter afable.
El reto de la afabilidad; un líder con un espíritu afable perdura hasta la eternidad. Un carácter transformado por la gracia del Señor experimenta el perdón y la reconciliación consigo mismo y con los demás.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).
Los verdaderos líderes impactan vidas. En la historia de nuestra iglesia, hemos contado con hombres y mujeres, que han guiado al pueblo conforme al corazón de Dios. Sus vidas nos siguen inspirando, sus testimonios siguen abriendo caminos de esperanza. Pidamos a Dios que nuestra vida también sea un instrumento de bendición, que también cuente para la eternidad.
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Hebreos 13:7).
Hoy alguien te sigue, no lo defraudes…
Los maestros enseñan
Los maestros enseñan
Considerando que por naturaleza y por factores propios de su edad, el adolescente es dado al “placer de su corazón y de su vista” (Eclesiastés 11:9), el sabio escritor bíblico hace un gran consejo o exhortación: “Quita pues el enojo de tu corazón, aparta el mal de tu carne, porque la mocedad y la juventud son vanidad” Eclesiastés 11:10.
Ante tal realidad, los padres, maestros y pastores debemos enseñar los principios bíblicos y religiosos desde una temprana edad. Tenemos el ejemplo de Timoteo que, aunque su padre era griego, fue instruido aprendiendo las enseñanzas de su madre y abuela (Hechos 16:1-2, 2 Timoteo 1:2-5, 2 Timoteo 3:14-15)
“Los maestros enseñan”
De acuerdo con esta premisa, es necesario recordar que como maestros tenemos el compromiso de:
- Enseñar al adolescente el valor de las Sangradas Escrituras, su origen y su beneficio.
- Mostrar la importancia de estudiar la Biblia y escudriñarla, así, el muchacho podrá discernir entre el camino de bien y el que no lo es.
Daniel se negó a comprometer sus convicciones aún al encontrarse en medio de una cultura antagónica (Daniel 1:8-21). Los tres jóvenes arrojados al horno de fuego prefirieron morir quemados antes que negar su fe en Dios (Daniel 3:16-18). Aquí vemos la importancia de una educación y formación de convicciones reales acerca de lo que creen, desde su juventud y niñez.
“Nuestros adolescentes necesitan una creencia profunda y firme en Dios, y su Palabra; una creencia que les dé un fundamento sólido y los arraigue en la fe de tal manera que cuando lleguen las pruebas o tribulaciones o tormentas de la vida, puedan permanecer firmes” Josh McDowell
“Los maestros enseñan”
Para lograr esas enseñanzas profundas, los maestros debemos:
- Tener momentos de estudio en condiciones adecuadas, como lugares cómodos (aire, luz, etc.)
- Buscar herramientas físicas de enseñanza (pizarrones, libros, cosas visuales, etc.)
Debemos esforzarnos al máximo para lograr la confianza de los adolescentes. Para ello podemos organizar juegos, lunadas, meriendas, además de reuniones creativas, retiros, campestres, entre otros. También debemos generar diálogos, mesas trabajo, conferencias, entrevistas y muchas otras actividades que proporcionen confianza y hagan más fuerte el vínculo entre grupo y maestro.
La carta a los Hebreos, en el capítulo 11 se titula “La excelencia de la fe y ejemplos que muestran su eficacia y su poder”. En este capítulo y todo el libro se mencionan personas que demostraron su fe y su convicción al Dios Todopoderoso.
Hoy, los muchachos deben cultivar la fe que tienen a fin de ser estables en lo que creen, como dijo el apóstol Pablo “que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia los artificios del error” Efesios 4:14
Maestros, dediquémonos a enseñar con amor las cosas relevantes que brindarán a cada adolescente las herramientas para vivir firmes, con sus pies seguros en la roca que es Cristo Jesús.




