El arte de conversar para crecer juntos
Min. Esdras Valencia y Lic. Perla Esquivel

Migdalia y Eber son un matrimonio que llevan juntos diez años, les gusta servir en la iglesia, son padres presentes para sus hijos y siempre aparecen sonrientes en las fotografías familiares en sus redes sociales. Pero en la intimidad de su hogar las conversaciones se habían reducido a preguntas sobre los deberes ―¿pagaste el recibo de la luz?, ¿compraste lo que faltaba en la despensa?, ¿llevaste a la hija a su clase de gimnasia?, ¿revisaste que el hijo terminara su tarea?―.
Un sábado por la noche, después de ver a Eber compartir un tema sobre comunicación con los matrimonios de la iglesia, Migdalia llegó a su límite. Así que al llegar a casa le dijo a su esposo: Hace tiempo que no te veo entusiasmado en platicar conmigo, solo te avocas a realizar el mismo interrogatorio cada noche. La respuesta del esposo fue: “¿otra vez con lo mismo? ¡estoy cansado de tus reproches!”. Dió media vuelta y se fue a dormir. Migdalia entre lágrimas se puso a recordar lo diferente que eran sus charlas en los primeros años de matrimonio, disfrutaban de tener largas conversaciones sobre metas, expectativas o bien planeando el futuro juntos y después… todo cambió; dejaron que comenzara a crecer un abismo entre ambos hasta llegar a incomodarse al hablar sobre sus sentimientos. Eber por su parte no entendía la reacción de su esposa, para él proveer, estar presente para los hijos y asistir a la iglesia era suficiente. Ambos tenían sus argumentos, pero ninguno había “bajado la guardia” para escucharse, exponer sus sentimientos y mostrar su vulnerabilidad.
¿En tu matrimonio hay más conversaciones difíciles o silencios incómodos?
En las relaciones matrimoniales hay momentos en los que los conflictos van a aparecer, es ahí donde hay palabras que dichas a tiempo pueden sanar un corazón herido, además de conversaciones difíciles que nos permiten conocer cómo piensa el otro y llegar a acuerdos, pero también aparecen los silencios incómodos, que si no son atendidos a tiempo maximizan el conflicto y provocan un abismo entre la pareja, mismo que puede generar una crisis en la relación y desencadenar en una separación o quiebre entre los cónyuges.
En casi veinte años de matrimonio, las etapas que hemos vivido han sido muy diferentes. Por ejemplo, cuando nuestros hijos eran pequeños, fue una etapa caótica y agotadora. En ocasiones nos sentíamos perdidos, aunque estuviéramos bajo el mismo techo. Tuvimos que aprender a tenernos paciencia mientras ambos crecíamos, pero aun así intentábamos comunicarnos con el otro.
No siempre lo hemos hecho bien, pero nos hemos comprometido a crecer juntos de forma intencional, practicando el perdón y la humildad mutua. Creemos que la buena comunicación y fomentar el arte de conversar son vitales para un matrimonio sano.
En Efesios 4:29 (NTV) el apóstol Pablo menciona: No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. Este es uno de los pasajes bíblicos que describen cómo deben ser nuestras conversaciones, ya que las palabras que utilicemos pueden ser apropiadas o no para la situación.
Nuestras palabras deben ser coherentes y semejantes a Cristo, impregnadas de los valores y la sabiduría de Dios. Si hemos detectado que tenemos un área de oportunidad, pidámosle al Señor que guíe nuestros corazones y que esa obra se manifieste en nuestras palabras.
¿Son nuestras palabras ásperas como espadazos, imprudentes, hirientes y desenfrenadas? ¿O nuestra conversación se caracteriza por la suavidad, la sabiduría, la sanación y la moderación? Si bien es natural que las parejas discutan en algún momento de su relación, hay situaciones en las que estas disputas se vuelven perjudiciales. Un factor importante a tener en cuenta es cuando los conflictos escalan repercutiendo en el bienestar emocional de ambos.
Otra señal de que la comunicación es deficiente es cuando uno de los miembros de la pareja intenta constantemente retirarse por completo de los conflictos, lo que provoca que el otro se sienta aislado e ignorado. En las relaciones sanas, ambos buscan comunicarse eficazmente y encontrar puntos en común. Sin embargo, si las interacciones se caracterizan por insultos, faltas de respeto y ausencia de empatía, es improbable que los conflictos tengan un propósito constructivo.
Si uno de los miembros de la pareja se siente constantemente incomprendido o cree que sus pensamientos y sentimientos son ignorados, es fundamental enfatizar el respeto y la comprensión mutua. En situaciones donde los desacuerdos son frecuentes y no se resuelven, es hora de buscar ayuda profesional para superar estas dificultades para construir una relación más sana.
El poder de las palabras es inmenso, ya sea para construir o destruir, dice la Biblia: La lengua apacible es árbol de vida; mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu (Proverbios 15:4). En el plan de Dios, brindar alivio a través de nuestras palabras es una de las formas más útiles y bellas cómo podemos bendecir a nuestro cónyuge. ¡Qué bendición hay cuando utilizamos las palabras para sanar, aliviar, sostener y validar!
Ponemos a su consideración, varias propuestas de crecer juntos, por medio de conversaciones edificantes:
● Ser empáticos al escuchar. Cada conversación es una oportunidad para prestar atención a los sentimientos del cónyuge: el dolor, el enojo, la alegría, la ansiedad, etc. Mostrar interés y sensibilidad es una forma de expresar el amor por tu pareja.
● Cultiva la confianza con tu cónyuge. Las palabras de aliento, el reconocer con alegría y gratitud los logros del ser amado y saber motivar con palabras de bendición, son maneras de construir la confianza y el diálogo. Es probable que muchos requieren entrenar el hábito de saber dar una retroalimentación positiva, pero los resultados valen todo el esfuerzo que se realice.
● Hagan de la conversación algo importante dentro de la relación. Recuerden que las cosas importantes no son las que simplemente decimos que lo son, más bien se trata de aquellas a las cuales dedicamos tiempo, esfuerzo y recursos. El ritmo de vida actual dificulta tener los tiempos ideales, sin embargo, con esfuerzo y disciplina nosotros podemos buscar tiempos de calidad para tener conversaciones edificantes.
Queremos finalizar invitándoles a que no desistan en crecer como pareja y de manera específica en el arte de la conversación, permitamos que nuestros pensamientos y palabras estén impregnados del aroma y la actitud del Señor Jesucristo, recordemos la Palabra que dice: Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos (Proverbios 16:24). Que así sean nuestras palabras, agradables a Dios y a nuestro cónyuge. Dios les bendiga.